Seguros privados salud

Vivas donde vivas debes ser consciente de que la mayoría de los sistemas sanitarios públicos están siempre casi al límite de sus posibilidades. Las noticias muestran a diario las urgencias colapsadas, salas de espera llenas, pacientes esperando durante horas en los pasillos y retrasos para operarse que pueden cuantificarse en meses cuando no en años. Algunos de los pacientes incluso mueren antes de haber sido sometidos a la intervención que requerían. Otros sufren graves consecuencias para su salud a causa del retraso. Mientras tanto, los médicos hacen énfasis en la necesidad de una respuesta lo más rápida posible para aumentar la probabilidad de supervivencia y de recuperación del enfermo. Es aquí donde surge la necesidad de un seguro privado de salud.

Los seguros privados de salud ofrecen una atención rápida y, a menudo, inmediata, a quienes los contratan. Por una pequeña cuota mensual, que en muchos seguros no llega a lo que puede costar un café diario, evitas que tu primer contacto ante una urgencia sea una sala atiborrada de pacientes con las más diversas enfermedades y problemas de salud. Puede ser una experiencia muy desagradable, que solo conocerán quienes se hayan visto obligados a estar en la sala de urgencias de un hospital público. Los hospitales privados, además de prestar un servicio más personalizado y cercano al paciente, se caracterizan por una respuesta más rápida ante las urgencias y un entorno más agradable para la persona atendida y su familia.

Un seguro privado de salud no es un lujo para pudientes sino una inversión en salud y una protección ante eventos futuros que pueden afectar de forma grave a sus familiares. Algunas personas gastan dinero en sus aficiones (o vicios), como por ejemplo en ir al fútbol, ver una película en el cine, fumar, salir de fiesta, etc. Esos gastos recurrentes parecen justificados y apenas se contabilizan. Solo cuando surge el problema de salud y estamos durante horas en una sala de urgencias atestada, esperando una atención que no llega, es cuando realmente somos conscientes de que habría merecido la pena meter una moneda en una hucha todos los días para poder pagar nuestro seguro de salud privado y no vernos sometidos a ese mal trance que puede costar la vida a cualquier miembro de nuestra familia.

Deja un comentario